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Dejar de fumar sin engordar (3ª parte)


Terapias de apoyo
Por fortuna, en la actualidad contamos con varios tratamientos que logran disminuir en un 90% los efectos negativos del síndrome de abstinencia.
• Sustitutivos de la nicotina. Son los más conocidos. Evitan “el mono” al suministrar pequeñas dosis de nicotina. Los más efectivos son los parches, ya que la liberación de nicotina a través de la piel es constante sin picos y a dosis muy bajas que no generan adicción.
Los chicles y caramelos funcionan bien como apoyo a otros tratamientos y en momentos puntuales, sobre todo para fumadores con alto nivel de dependencia.
El spray nasal introduce nicotina a través de la mucosa de la nariz, por lo que se absorbe con mucha rapidez, pero puede producir irritación, especialmente los primeros días.
• Bupropion. Se trata de un medicamento aparecido recientemente, especifico para el tratamiento del tabaquismo sobre todo para tratar el síndrome de abstinencia. Disminuye los síntomas desagradables de la retirada del tabaco y minimiza el aumento de peso.
• Ansiolíticos. Se recomiendan como acompañantes de los parches, sobre todo los primeros días. Evitan la ansiedad que se produce al dejar de fumar. Está comprobado que el mayor porcentaje de abandonos definitivos se consigue cuando se combinan los ansiolíticos y los parches.
• Otros recursos complementarios. Además de los tratamientos anteriores, “la pipa de mentol” puede ser útil para aquellos que no saben qué hacer con las manos. La respiración diafragmatica es muy aconsejable, también, para combatir los instantes aislados de ansiedad.
Existen otras terapias que tradicionalmente se utilizan para abandonar el tabaco, pero su eficacia no tiene una base científica, aunque podrían facilitar el aumento de la motivación o la disminución de la ansiedad como efecto placebo.
Entre estas posibilidades, el especialista escogerá el tratamiento más adecuado en cada caso, según sea el perfil del fumador, que se prolongará como mínimo durante 6 u 8 semanas.


Fumar NO es un placer
El ex fumador debe prepararse para ganar otra batalla: la dependencia psícológica.
La dependencia psicológica consiste en atribuir al cigarrillo propiedades que no tiene, como ser relajante, producir placer, o hacer que uno se sienta mejor en determinadas situaciones. El cigarro no relaja ni es placentero en sí mismo: sólo es adictivo y nocivo para el organismo.
Cuando uno es fumador, nota un cierto nerviosismo después de estar un rato sin fumar. Al encender otro pitillo, ese nerviosismo se calma y por ello se puede asociar falsamente con un efecto relajante o placentero. Si el ex-fumador cree que el fumar le relaja volverá a hacerlo cuando pase una época difícil o de estrés. Este peligro suele aparecer entre los 3 meses y un año después de abandonar el tabaco y conviene estar preparado para ello.
Un cigarrillo no puede estabilizar el estado de ánimo, al contrario, el tabaquismo supone la desestabilización continua del estado de ánimo. Si estás pasando una mala época es mejor consultar con el médico la posibilidad de tomar algún ansiólitico y nunca, bajo ningún concepto, recurrir al cigarrillo.
Una adicción contagiosa
A pesar de que la imagen del fumador, por fortuna, cada vez está más devaluada, todavía se ejerce una fuerte presión social que muchas veces empuja al exfumador a encender de nuevo el dichoso cigarrillo. En efecto, 3 de cada 10 recaídas se deben a situaciones de presión social.
Los especialistas en tabaquismo afirman que el fumador debe crearse un escudo que le defienda socialmente del tabaco. Es importante repetir con frecuencia y en voz alta “No, gracias, no fumo” para estar preparado para cuando te ofrezcan un pitillo. En ese momento bastará con responder con las palabras mágicas. Las palabras tienen más fuerza de lo que parece. Al decirlas expresamos sentimientos que condicionan nuestra conducta.
Es importante no ocultar la decisión de dejar de fumar para así crear una red de apoyo social y familiar que refuerce tu postura. Evita que fumen en tu presencia, especialmente en las tres primeras semanas. El ver fumar a los demás puede llegar a ser “contagioso” y podrías echar al traste los logros conseguidos.
Cómo evitar las recaídas
Para evitar volver a engancharte es aconsejable seguir las siguientes recomendaciones:
• Has de mantenerte alerta durante el primer año.
• Ten confianza en tu futuro como no fumador
• Cuidado con la idea “por uno que fume no pasa nada”
• No culpes al abandono del tabaco de ninguno de tus problemas.

Con un buen apoyo dejar de fumar es fácil y, además es una experiencia muy positiva. Hay que desterrar el mito de que el exfumador está histérico, irritable, inaguantable.. No es cierto. Si las cosas se hacen bien, dejar de fumar es una de las experiencias más gratificantes que existen.

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